Los que me conocen, saben que una de mis relaciones más complicadas, ha sido la que tengo con mi madre pero, ¿qué es lo que he aprendido en el camino?

Mamá, aquella heroína que todas vemos de niñas… Esa gran mujer que de pequeñas aspiramos ser algún día. Pero, ¿qué pasa cuando la relación con la mujer más importante de tu vida no es la mejor? Hoy les contaré un poco sobre mi madre.

Hablar sobre mi mamá siempre me pone sentimental pues implica abrir 100% mi corazón y sacar a la luz momentos dolorosos.

Aunque muchos de esos temas ya están más que hablados y superados, siempre queda esa sensación de lo mal que la pasamos en aquel momento. Sí, sé que si estás leyendo esto, es porque seguramente pasaste por algo similar).

Pues bien, mi madre es una mujer increíblemente guapa y agradable. Tiene un cuerpo que cualquier veinteañera quisiera. Luce mucho más joven de lo que es, viste con colores llamativos y se arregla todos los días como si fuera a ir a una fiesta. Siempre ha sido así.

Por supuesto la amo con todo mi corazón; pero hubo momentos en que no fue así. No fue porque me pegara o porque fuera un mal ejemplo, como en muchas historias de terror que conozco. Pero sí hubo momentos que me hicieron pensar que no era lo más importante para ella.

Mi madre se ha dedicado a vivir la vida plenamente y tal como ella lo ha querido. Es libre como el aire.

No deja que nadie la limite y hace lo que su corazón le diga… Aunque eso muchas veces fue motivo de discusión. (Sólo las que somos mamás sabemos que cuando una mujer se convierte en madre, ése rol se convierte en prioridad).

Sí, la vida a su lado no ha sido sencilla. Sobrevivir a sus “críticas constructivas” y comentarios muchas veces bien intencionados pero mal dirigidos no ha sido bonito.

El haberme creado un concepto equivocado de la belleza y el hacerme creer que las dietas eran la solución para todos mis males... Son cosas con las que crecí pero poco a poco he ido disolviendo en mi mente.

El decirme aún hoy en día que “con ese vestido me veo muy gordita” o que soy una tonta en el amor porque debo protegerme y ser “cabrona” pues “todos son iguales”… Son cosas que ella piensa pero que no necesariamente aplican a mi realidad ni a mi forma de ser o ver la vida. 

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Ella no es una “mamá típica” y aunque de adolescente no la entendí ni un poco y estuve en total guerra con ella por no serlo, ahora que soy adulta sé que ella no sólo era mi mamá… También seguía siendo MUJER.

Ella es una persona, un ser humano con virtudes y defectos (como yo y como cualquiera). Con sueños, metas, necesidades y una forma diferente de ser. No mejor o peor madre… Simplemente diferente.

Y hoy la celebro por mostrarme que el ser igual a las demás no es necesariamente lo mejor para mí. Hoy le envío flores porque gracias a ella y a sus decisiones como mi madre (buenas y malas) soy la mujer que soy.

Te amo, madre 🙂

Arhe Molina


 

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